6 septiembre, 2017

Historia

Antecedentes

Con la reconquista de Sevilla, en el siglo XIII, y la erección de San Marcos como templo cristiano se remonta, según la tradición verbal transmitida entre los hermanos, la fecha fundacional de la corporación.

La devoción al Santísimo Rosario de esta feligresía es la de más rancio abolengo en Sevilla, como lo atestiguan los frontispicios de las iglesias de San Marcos e inmediata Santa Isabel, que representan respectivamente, esculpidos en piedra, los misterios de la salutación del Ángel Gabriel y de su prima a Nuestra Señora, constitutivos ambos de la primera parte del Ave María.

Famoso fue el devoto Rosario de la Aurora que organizó esta Hermandad, “acaso la primera que lo constituyera en Sevilla por su primitiva antigüedad en esta legendaria devoción tan genuinamente española”.

En cualquier caso lo que cabe destacar es la existencia de una práctica devocional a la Virgen del Rosario, anterior a la batalla de Lepanto, y que se hallaba fuera del ámbito de la comunidad dominica.

Siglo XVI

El Conde de Castellar, don Fernando de Saavedra, por aquel entonces administrador de la Hermandad, consiguió de la Santa Sede en 1568 privilegio para el altar de la Santísima Virgen del Rosario, lo que viene a demostrar la existencia de la Hermandad y la antigüedad de la que gozaba su venerada titular.

A fines de siglo, en 1599, se comprueba la existencia de la corporación por una Real Cédula del Consejo de Castilla, reinando Felipe III, quién aprobó las Reglas y la acogió bajo su patrimonio, ostentando desde entonces el título de Real.

Siglo XVII

En la última década del “Siglo de Oro” se producen varios hechos que refuerzan aún más el poderío de la corporación.

El 24 de diciembre de 1694 se aprueban nuevas reglas por la Autoridad Eclesiástica de Sevilla, encabezada por el Arzobispo Don Jaime de Palafox y Cardona. Si bien, esta iniciativa puede considerarse una segunda fundación, ya perfectamente encuadrada en el gran momento de clímax religioso que vive Sevilla.

Durante el último lustro de este siglo la Hermandad recibirá numerosas e interesantes Bulas otorgadas por Su Santidad Inocencio XII. Entre ellas destacan las Bulas “Omnium veluti Paterna charitae intenti…” y “CUM ACCEPIMUS…” concedidas en Roma, en Santa María la Mayor, en los años 1695 y 1696. Así mismo, el citado Pontífice le concede a la Hermandad el título de Pontificia.

Para completar su categoría le faltaba algún vínculo con el mundo de las Artes, aspecto que cubrió el insigne escultor Pedro Roldán, quien el 4 de agosto de 1699 fue enterrado bajo el altar de Nuestra Señora del Rosario, en una cripta donde también reposan su viuda y varios de sus hijos.

Siglo XVIII

Durante esta época son escasas las noticias que se conocen de la corporación, la cual hacia finales de la centuria hubo de pasar un período bastante crítico y confuso, a raíz de las dos potestades que se interponen, una vez por lo civil y otra por lo eclesiástico.

En 1790, la Hermandad solicita al Real y Supremo Consejo de Castilla que apruebe las nuevas Reglas que habrían de sustituir a las presentadas en 1694 en el Arzobispado sevillano. El Consejo solicitó informe a la Audiencia sevillana, la cual emitió un dictamen poco favorable, influenciada por las nuevas ideas laicas que se iban filtrando.

Un año después la Hermandad tiene que abandonar la iglesia de San Marcos, e instalarse en la capilla Servita, al arruinarse dos naves de la misma. Además, los alcaldes y oficiales del Rosario se dirigen a las Autoridades eclesiásticas, exponiendo que ya habían sido recogidas sus Reglas por la Audiencia, pero que no habían podido reunirse en cabildo ante el fallecimiento del Hermano Mayor, sacerdote y prebando de la Catedral y algunos oficiales y que, además, el hermano mayor interino no quería continuar en el cargo negándose a la entrega de los enseres a los cofrades.

Ante esta situación se hacía primordial una reunión para elaborar un nuevo proyecto de Reglas y restaurar la Hermandad, tanto jurídica como vivencialmente. Tras la autorización eclesiástica, el presbítero Juan García Nolasco, beneficiado de San Marcos, fue elegido nuevo hermano mayor por el cabildo general. Esta nueva junta comienza la redacción de Estatutos, solicitándole al Rosario de Santa Catalina los suyos aprobados en 1789, a los que añadieron disposiciones de las Reglas propias de 1694. Los bienes depositados en casa del anterior hermano mayor fueron recogidos e inventariados.

El fiscal del Consejo castellano, tras oír a la Audiencia hispalense, dispuso a 6 de abril de 1794 que: “no debe subsistir esta Hermandad, por las muchas que hay en la Ciudad con la misma Advocación; de modo que apenas pasa día en el año que no se hagan funciones en distintos templos a la Virgen del Rosario”. Por ello, en 27 de junio de 1794, el Consejo acordó no aprobar las Reglas.

Siglo XIX

Durante los primeros años del siglo la vida de la corporación se limitaba a los cultos internos que se celebraban en la parroquia de San Marcos, junto con los rosarios públicos.

El provisor y vicario general del Arzobispado aprueba el 13 de agosto de 1808 las nuevas Reglas. Las mismas, tienen veinte capítulos con diversos apartados entre los que se recogen la “limosna de entrada” que se debía aportar o la defensa de la Inmaculada Concepción en el ceremonial de juramento de hermano. Detalle curioso es la obligación que tenía la camarera de “vestir la Imagen según el color que piden los ritos de nuestra Madre la Iglesia”.

Este siglo estará marcado por el recibimiento de personajes notables como hermanos de la corporación, como sucedió en 1809 con el vizconde de Gante, en 1810 con la Sra. marquesa de Monte Fuerte, condesa de Lebrija, en 1813 con el conde de Miranda y duque de Peñalara, en 1822 el conde de Monteagudo o en 1883 la marquesa viuda de Saltillo, la condesa de Monte Lirios y la marquesa de Sales. Con este listado de ingresos “linajudos” quedaría más que justificado el título de Ilustre que posee la corporación, sin embargo, un hecho importantísimo en la historia de la Hermandad del Santísimo Rosario fue la recepción, el 4 de diciembre de 1882, como Hermana Mayor y Perpetua a Su Majestad la reina Isabel II.

Además, personas principales del ámbito religioso formaron parte de la Hermandad, ya que en 1809 se recibió como hermano a don Ignacio Román, presbítero, “subcorrector de los Siervos de María”. El 6 de enero de 1883 es recibido como “hermano protector” a don Marcelo Spínola y Maestre, entonces obispo de Milo. Igualmente fue recibido fray Ceferino González, arzobispo de Sevilla, que juró las reglas el día 7 de octubre, festividad litúrgica de Nuestra Señora del Rosario, siendo nombrado en este acto hermano mayor, ingresando a su vez el Deán de la Catedral y dos canónicos.

Otro aspecto a resaltar es la estrecha relación que la corporación mantuvo con el convento de religiosas de Santa María del Socorro, ingresando las mismas como hermanas hasta en cuatro ocasiones: 1833, 1850, 1879 y 1884. Así mismo, en 1832, los oficiales de la Sacramental de San Marcos juran como miembros efectivos de la Hermandad del Santísimo Rosario.

En 1882 se solicita y se obtiene licencia del Arzobispado para procesionar a la Virgen y Santo Domingo por las calles de la collación, hecho que volvería a suceder al año siguiente.

Entre el 4 de noviembre de 1883 y el 16 de agosto de 1884 se produce un traslado de la Hermandad a la iglesia de Santa Marina, posiblemente debido a algunas reformas en el edificio de San Marcos. Durante la estancia en esta iglesia se produce un hecho histórico, la unión con la Hermandad del Rosario del convento de San Pablo, para participar de todas sus gracias e indulgencias, quedando registrado en un documento que firma y rubrica fray Agustín Romero y Llosas, vicario provincial de la Orden de Predicadores de Andalucía, con fecha de 22 de julio de 1884.

Siglo XX

Comienza el siglo con un periodo de cierto esplendor que se vería truncado en los años 30 del mismo.

En 1906 se produce un acuerdo capitular, con fecha de 16 de septiembre, para voto y juramento del inefable misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma a los Cielos renovándose anualmente desde entonces. Así mismo, se adquiere el manto de salida, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda de 1898, a la Hermandad de Madre de Dios del Rosario por 875 pesetas.

Entre 1917 y 1926 se traslada a la capilla Servita, mientras se reconstruía la iglesia de San Marcos del hundimiento que sufrió en noviembre del citado año.

El 15 de junio de 1922 la Santísima Virgen figura en la nómina de imágenes que participan en el Corpus.

Se produce otro acuerdo capitular, a 1 de octubre de 1926, con respecto a la Mediación Universal de María en la dispensación de todas las gracias. Como el caso precedente de la Asunción, es renovado anualmente durante la fiesta principal de Instituto.

Las dificultades creadas a la Iglesia por las leyes de la República motivaron el retraimiento de muchos de los que ayudaban a sostener los cultos de la Hermandad, quedando disuelta tras celebrar la tradicional novena a su titular en el mes de octubre de 1931. A pesar de todo, la Hermandad volvió a constituirse el 12 de enero de 1936, aunque poco después -18 de julio del mismo año- tendría lugar uno de los episodios más funestos en la historia de la corporación, el incendio del templo de San Marcos, en el que se perdería la imagen de la Santísima Virgen y, junto a ella, casi la totalidad de los enseres.

El 12 de octubre de 1937, se bendice la actual talla de Nuestra Señora del Rosario, en la iglesia del Real Monasterio de las RR.MM. Jerónimas de Santa Paula, donada a la corporación por su escultor José Antonio Rodríguez Fernández-Andes, el cual estuvo presente en el acto. Igualmente, se procede la redacción de las nuevas Reglas, aprobadas “ad experimentum”. Por causa del incendio había tenido que volver a trasladarse a la capilla de los Servitas, donde comenzó un largo y fatigoso proceso de reconstrucción en el que no faltaron ayudas alentadoras y emocionantes.

En 1939, se reanudó la procesión anual e, incluso, volvió a celebrar la velada en su honor, como sucedía a principios de siglo. Así mismo, en este año fue recibido como hermano mayor honorario el cardenal Segura, el mismo que en 1942 aprobó definitivamente las Reglas.

En el citado 1942, por obras en la capilla de los Servitas la Hermandad del Santísimo Rosario sufrió un nuevo traslado, esta vez, a la iglesia de San Luis de los Franceses, donde permanecería hasta el 19 de marzo de 1946, cuando se trasladaría a la que se ha de convertir en su nueva casa y residencia canónica, la parroquia de San Julián.

Durante los primeros años en San Julián, la Hermandad fue poco a poco reponiéndose materialmente, en lo más elemental e imprescindible, del profundo bache causado por el incendio. Así en 1950 las hermanas Mauri donaron el retablo en el que se encuentra la Santísima Virgen del Rosario. Para su salida procesional la corporación adquirió unos respiraderos y la peana, que con alguna modificación son los que usa en la actualidad.

En 1974, durante el periodo de obras en San Julián, la imagen de la Virgen del Rosario se alojó provisionalmente en la iglesia del monasterio de Santa Paula. Desde entonces, todos los años, realiza una breve visita al monasterio en parihuelas para celebrar la santa misa junto a esta sevillanísima Comunidad Jerónima.

A partir de 1975, comienza con verdadera valentía su florecimiento, gracias a los desvelos y sacrificios de sus hermanos, insuperables en entusiasmo, que aplican todos sus esfuerzos en conseguir lo que en Sevilla debe ser una Hermandad de Gloria. Uno de ellos fue don Antonio Díaz Fernández, afamado dorador y tallista, hermano mayor de la corporación, que recibió el 7 de octubre de 1981 la primera medalla de oro de la Hermandad, por su meritísima tarea a favor de ésta. En mayo de 1986 Nuestra Señora del Rosario presidió el pregón de las Glorias, pronunciado por don José María Rubio Rubio, en la iglesia del Divino Salvador, dentro de los actos conmemorativos de L Aniversario de la bendición de la imagen. A su regreso a San Julián, el paso de la Virgen del Rosario hizo parada ante el convento de las Hermanas de la Cruz, y allí se le impuso un broche que contiene una reliquia de Santa Ángela.

Con motivo de nuevas obras en la parroquia de San Julián la corporación se trasladó en julio de 1989, a la iglesia de San Hermenegildo, donde permaneció hasta el 15 de septiembre de 1994, en que se reabrió el templo. En estos años celebró sus cultos en la iglesia del citado mártir, pero la salida procesional se efectuó desde la capilla Servita, excepto en 1993, que volvió a hacerlo desde San Julián. Como muestra de filial afecto y agradecimiento a la Cofradía Servita, la Hermandad le regaló el ambón que se sitúa en el presbiterio de la capilla, y que reproduce el que la corporación de Gloria posee ante el altar de la Santísima Virgen. El 15 de octubre de 1994, víspera de la salida procesional, se bendijo el retablo de azulejos que reproduce a la Santísima Virgen, obra al más puro estilo sevillano de Emilio Sánchez Palacios, y que se encuentra ubicado en la fachada lateral de la parroquia.

El 20 de diciembre de 1998, en un acto lleno de emoción y sencillez, le fueron impuestas las medallas de oro de la Hermandad a don Guillermo Olivares Magro y don Antonio Velasco García, como reconocimiento a dos significados y ejemplares hermanos que han volcado su vida y esfuerzos en pro de la corporación. Así mismo, en mayo de este año comenzó a celebrarse el Ciclo Cultural de la Hermandad.

A solicitud de la Hermandad, el Ayuntamiento de Sevilla aprobó la rotulación de una calle con el nombre del escultor imaginero José Antonio Rodríguez Fernández-Andes, situada en la avenida de San Juan de la Salle, junto al colegio Felipe Benito de la congregación lasaliana. El 28 de octubre de 2000 se descubrió el azulejo conmemorativo, asistiendo en representación del Municipio el concejal delegado de Casco Antiguo, don Pablo de los Santos, y las Hermandades de la ciudad que tienen obras del artista (San Roque, Javieres, Baratillo y Gitanos). Con tan merecido homenaje, se conmemoraba así el cincuentenario de su fallecimiento.

Siglo XXI

Con la llegada del nuevo siglo continúa la etapa de esplendor y florecimiento en el que la corporación se halla, y que comenzó en el último cuarto del siglo anterior.

Un hecho destacado fue la restauración sobre la imagen de la Virgen en el taller del profesor Juan Manuel Miñarro, durante los meses veraniegos de 2002, ya que fue retirada del culto el 3 de junio y respuesta a la veneración de los fieles, en la misa de Hermandad del 2 de septiembre. El 26 de octubre de este año, la Hermandad, como parte integrante de la parroquia, asistió a la consagración del Templo de San Julián por el cardenal Amigo Vallejo.

En diciembre de 2004, concretamente en la mañana del día 27, la Santísima Virgen fue trasladada de forma privada al vecino convento de San Cayetano, e instalada en el lado derecho del presbiterio del oratorio. Este hecho tuvo lugar por las obras efectuadas en la parroquia de San Julián para la nueva iluminación artística, que finalizaron en febrero de 2005. Durante la función principal del 7 de octubre del citado 2004, tuvo lugar la entrega de la medalla de oro de la corporación a don José Luis Benítez Moreno, tras haber sido aprobada la misma por aclamación en Cabildo general. Justo premio para tantos desvelos en honor de la Virgen, y para quien “siempre supo servir humildemente y ni siquiera cuando era hermano mayor se vanaglorió de ello…”.

En 2009 y 2010 se volvieron a recuperar las Fiestas en honor de la Santísima Virgen, que se celebraron el último fin de semana de septiembre con la masiva afluencia de hermanos y vecinos que quisieron estar con su Hermandad en estos días previos a los cultos de la titular.

El 15 de junio de 2012 tuvo lugar en la iglesia de San Julián la presentación del cartel conmemorativo del LXXV aniversario de la bendición de la Santísima Virgen, realizado por don Luis Fernando Ramírez Mata, como inicio de un cuidado programa de actos y cultos que se celebraron para conmemorar dicha efeméride, y que culminó el 27 de octubre con la celebración de una Misa Estacional, presidida por el arzobispo de Sevilla, don Juan José Asenjo Pelegrina, tras la que se celebró la salida procesional de la Santísima Virgen por las calles de la feligresía, en la que visitó todos los templos que han sido sede de la corporación. Hay que destacar que el triduo y función de este año tuvieron lugar en la parroquia de San Marcos, sede fundacional de la corporación, a la que volvió setenta y cinco años después. Para ello la Virgen fue traslada en la mañana del domingo 30 de septiembre a la parroquia del evangelista. El 12 de octubre, tuvo lugar el tradicional Rosario Público hasta el Real monasterio de Santa Paula, que se realizó en octubre en vez de en mayo, para que la Santísima Virgen presidiera una misa en su honor en el mismo lugar dónde fue bendecida, junto a las RR.MM Jerónimas que ostentan el cargo de camareras honorarias de Nuestra Señora del Rosario desde 2005. Una vez terminada la misma, la Virgen fue trasladada a San Julián. El domingo 21 tuvo lugar el pregón del LXXV Aniversario a cargo de don Francisco Javier Segura Márquez, encontrándose la Santísima Virgen expuesta a la veneración de los fieles en devoto besamanos.

Un hecho relevante para la Hermandad fue la peregrinación a Almonte, con el Simpecado de la corporación, para participar en el magno Rosario Público que organizó la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de Carrión de los Céspedes, con motivo del Año de la Fe, el 7 de abril de 2013. Así mismo, tuvo lugar una emotiva eucaristía en la parroquia de la Asunción, que se encontraba presidida por la Santísima Virgen del Rocío.

El 18 de enero de 2014 la Hermandad, junto a otras corporaciones letíficas de la ciudad, realizó una peregrinación a la basílica de Santa María de la Esperanza Macarena con motivo del Año Jubilar que la Santa Sede le concedió a la corporación de la Madrugada, en el L Aniversario de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen. La misma partió de San Julián hacía la basílica, estando presidida por el Simpecado de la Hermandad del Santísimo Rosario. Una vez allí tuvo lugar la Santa Misa. Aunque, sin lugar a dudas, uno de los hechos más destacados de la historia reciente de la corporación tuvo lugar en la madrugada del 1 de junio del mismo año, cuando la imagen de Nuestra Señora del Rosario presidió un altar montado exprofeso, ante la puerta lateral de la parroquia, para recibir a María Santísima de la Esperanza Macarena, a su paso por San Julián, en la procesión de regreso a su basílica tras los fastos del cincuentenario de la coronación.

El 7 de octubre de 2015 la corporación vio cumplido uno de sus mayores anhelos con la compra de un inmueble, en la cercana Plaza de Santa Lucía, para establecer en él de forma definitiva la Casa Hermandad. Con ello finalizaba un periplo de mudanzas a las que la misma se había visto obligada durante su historia, permitiendo así contar con un lugar amplio para la convivencia de los hermanos, así como la exposición y almacenaje de su patrimonio.

Para finalizar este recorrido histórico por los anales de la Hermandad, no podemos olvidar a quienes con su esfuerzo anónimo y desinteresado han contribuido a levantar la Hermandad hasta los límites descritos. Son nombres que por razones de espacio no podemos citar uno a uno, pero que no por ello su esfuerzo fue menos importante ni ha quedado relegado, sino que forman parte como los demás del patrimonio inmaterial de la corporación.